Si este año la inflación es del 4 % y el que viene del 2 %, los precios no bajan: suben más despacio. La inflación es el velocímetro; los precios, el cuentakilómetros. Puedes levantar el pie del acelerador, pero el cuentakilómetros no vuelve atrás.
Arriba, la inflación de cada año: arrastra las barras o escribe la cifra. Abajo, lo que pasa con una cesta de la compra que hoy cuesta 100 €. Son supuestos, no previsiones: nadie sabe cuál será la inflación del año que viene. Lo que sí se sabe es la aritmética.
La inflación no aparece en ningún extracto. Una nómina que no sube, una pensión que se revaloriza por debajo de los precios o un dinero parado en la cuenta al 0 % pierden poder de compra sin que cambie una sola cifra: el número sigue siendo el mismo, lo que compra es menos. Por eso la noticia de que «la inflación baja» engaña sin mentir. Es verdad que baja la velocidad; lo recorrido no se devuelve.
La pregunta útil no es si la inflación del año que viene será del 2 o del 4 %, que nadie lo sabe, sino si lo que uno gana y lo que uno ahorra crece más deprisa que el cuentakilómetros. Eso sí depende de cada uno: saber qué rinde el dinero que está quieto, cuánto cuesta lo que se tiene y darle tiempo.